lunes, 7 de julio de 2014

La ceremonia de Bienvenida al mundo de Alejandro


Dimos la bienvenida a Alejandro el pasado 21 de junio, en una celebración a ‘nuestra manera’, lejos de liturgias eclesiásticas, en plena naturaleza, al pie de la Maliciosa, rodeado de árboles, flores y seres queridos.

Queríamos celebrar la llegada de nuestro retoño, darle la ¡Bienvenida al mundo!, comer, beber, celebrar, festejar, pero también dotar ese momento de significado, reunirnos entorno a él para acompañarle, transmitirle nuestra energía, bendición y  buenos deseos para su vida. Por ello decidimos hacer una ceremonia laica, cargado de simbolismo y  basado en rituales ancestrales con los 5 elementos como pilares fundamentales: Tierra, Agua, Fuego, Aire y Éter.

Foto Buscando a Náyade

Elegimos el solsticio de verano, el día más largo del año, el comienzo de la época estival y una noche propicia para rituales  porque sucede la magia. Este día símbolo de la fertilidad, también era una fecha especial para nosotros porque hace un año por estas fechas nos quedamos embarazados.

Con  la ayuda de Simboliza, una  organización dedicada  a la celebración de ceremonias civiles ‘con corazón’, que muy amablemente nos envío el guión de su ‘Ceremonia de bienvenida al mundo’  y con nuestro toque y el de nuestra querida amiga María Medina de Camino Akasha, a la que propusimos ser nuestra sacerdotisa fuimos elaborando la celebración.

María nos invitó a traer al momento y al lugar a los seres queridos que ya no están aquí para que nos acompañaran en la ceremonia. Seguidamente rodeamos a Alejandro con la energía protectora de la Tierra,  cada uno de los asistentes trajo un pedacito de tela con la que elaborar una manta para arropar al niño, símbolo de lo material, del cobijo y la protección.

Foto Buscando a Náyade

Llegó el momento de bendecir al bebé con el elemento Agua representando la pureza y el fluir de la vida.  Con una concha vertimos sobre el pequeño agua traída del El Jardín del Cáliz (Glastonbury) a la que se le atribuyen propiedades milagrosas. Esta localidad inglesa cercana a Bristol está cuajada de leyendas, una de ellas dice que en este maravilloso jardín se encuentra enterrado el Santo Grial, de ahí las propiedades curativas del agua y su color rojo característico.

La energía vital del Fuego llegó de la mano de un cirio que prendimos y con la que cada uno de los presentes encendió una velita para enviar luz y guía a Alejandro.


Foto de Buscando a Náyade

Por último el Aire, la flexibilidad, la ligereza, la libertad personal, representada por globos blancos y azules y un gran molinillo  de los mismos colores al que todos soplamos y giramos.

El Éter, el elemento fundamental, el vacío a través del cual se forman el resto de elementos quedó manifestado en el amor incondicional y en los buenos deseos que todos formulamos y dejamos por escrito para entregar a Alejandro cuando sea más mayor.

Con el bebé protegido y bendecido, todos celebramos su llegada con una merendola y unos postres muy especiales. Acabamos la noche del solsticio escribiendo en un papel todas aquellas cosas que queríamos dejar atrás y quemándolas para liberarnos y fluir más ligeros el resto del año.

jueves, 3 de julio de 2014

El momento más intenso de mi vida como mamá

Ver la carita de tu bebé nada más nacer puede ser uno de los momentos más felices que una mujer puede vivir, mirarle a los ojos y decirle 'Hola, soy mamá', sentir su calor  y tacto en el piel con piel, la primera vez que lo amamantas.... la intensidad emocional de esos instantes es única, pero para mi el momento más tremendamente intenso de mi maternidad llegó dos días después del parto.

Fue la primera noche que dormimos en casa con el bebé, lloraba, gritaba muy fuerte porque tenía hambre y yo por más que me esforzaba por darle el pecho no había manera, teníamos que aprender los dos juntos, sincronizarnos, escucharnos, dejar fluir el instinto, pero yo, primeriza, muy dolorida y totalmente exhausta lidiaba con un bebé de 48 horas que desesperadamente reclamaba su ración de leche, incapaz de tomarla debido al sofocón del llanto y probablemente de la falta de pericia de su madre. 

Solo nos pasó esa noche pero recuerdo perfectamente el sentimiento de desesperación de saber que ese pequeño ser dependia totalmente de mi y yo no era capaz de solventar la situación. Me sentía asustada, agobiada, preocupada, presionada, desesperada, insegura, torpe, desprotegida  y tremendamente cansada y en medio de toda esa negrura mental, el papá de la criatura me dijo que cogiera la mano del bebé, y así desde mi cama en la oscuridad de la noche mi brazo se alargó y mi mano tocó la del pequeño. No puedo describir lo que sentí cuando la mano del bebé agarro la mía con toda la fuerza del mundo. No creo que un niño de dos días pudiera agarrar así la mano, no creo que pudiera tener tanta fuerza, pero la tuvo y de repente me dio un vuelco el corazón. El pequeño me estaba diciendo 'Mamá te necesito, confío en Ti, estamos juntos en esto' no puedo explicar la sensación, la intensidad, sólo que nunca olvidaré esa manita y ese apretón que disolvió en segundos mis inseguridades. Mi hijo me necesitaba y no le iba a fallar.