sábado, 28 de noviembre de 2015

'Aloha' el legado de Hawái al mundo

Imagen de Luau en Maui

Aloha es cuando hay una habitación con un millón de extraños y entonces ellos dicen "aloha" y ya no son extraños nunca más. Esta definición de Makana de 7 años me emociono profundamente cuando la leí en una caseta de los Rangers viendo el volcán  Haleakala en Maui durante nuestra luna de miel. Ningún adulto podría haber condensado tan bien y con tan pocas palabras el legado espiritual de Hawái.

Recuerdo que el avión proveniente de L.A. aterrizó en el aeropuerto de Big Island, nuestra primera parada y nada más asomar la cabeza bajando por las escaleras y sentir el aire en mi cara, noté algo muy especial, una energía muy profunda y armoniosa que  invadía hasta al aeropuerto. Allí mismo y sin conocer aún nada, me enamoré de Hawái.

martes, 3 de noviembre de 2015

La noche de mis muertos

Este fin de semana no he comido huesitos de santo ni he disfrazado a mi hijo de calabaza para que pida caramelos. Estos días los hemos dedicado en un sentido muy literal y profundo a nuestros antepasados, a bucear en nuestro linaje y adentrarnos en su sombra para desde el reconocimiento y el amor sanar nuestras raíces y recoger los regalos que tenían para nosotros.

Fotografía de Ashley Foreste  


Desde que vi la convocatoria de El encuentro con nuestros Antepasados de Marivi Simonona de Entrespecies una intuición muy fuerte me dijo que tenía que estar allí. Por supuesto surgieron resistencias como casi siempre que tengo que hacer un trabajo energético que 'toca en hueso'. Pero allí estuvimos. Era el lugar (Tierra de Gredos), el tiempo (el fin de semana de todos los Santos en el que el velo entre los dos mundos se hace más fino) y era desde luego el momento!

La aventura comenzó con mi marido y yo saliendo muy estresados de un Madrid llenó de tráfico, ruidos y enfados. El camino  se hizo largo y oscuro y cuando más nos metimos en esa oscuridad más nos preguntábamos ambos dónde nos llevaría esta experiencia. Dejamos la  nacional para adentrarnos en carreteras secundarias y después para perdernos hasta dar con el camino de tierra que nos llevaba directo a nuestro destino y nos aislaba del mundo. En ese trayecto  tuvimos que hacer dos paradas técnicas, primero para no atropellar a un sapo que pareció querer darnos la bienvenida en medio del camino. Mi emoción por ver al sapo se duplicó cuando un precioso zorro cruzó veloz delante de nuestro coche.  ¡Un zorro! ¡A dos palmos de nosotros! Grandes señales que nos indicaban que íbamos por muy buen camino.