miércoles, 17 de agosto de 2016

El mejor regalo que puedes hacer a un recién nacido y a sus papás. Consejos para las visitas


Estaba releyendo los apuntes del curso de Asesora de lactancia que hice esta primavera, preparándome para el examen final: el nacimiento de Emma,  cuando me dejé caer por la web de La Liga de Leche para echarle un ojo a sus hojas de utilidades, francamente recomendables con consejos imprescindibles para la futura mamá o puérpera que desee dar el pecho y que provienen del libro 'El arte femenino de amamantar'.

Entre estas hojas hay dos que me han parecido geniales y me han dado la idea para este post, también en parte motivada por la experiencia previa en mi primer postparto. 

La primera, un cartel para la habitación del hospital destinado a las visitas e invitándolas a que sean prudentes.

miércoles, 10 de agosto de 2016

El Nacimiento Lotus

Vivimos en un mundo de prisa y estrés donde pocas veces se respetan los ritmos naturales, esto por supuesto también afecta al mundo del nacimiento. Se programan partos o cesáreas por conveniencia y en los hospitales se trata de acelerar al máximo el proceso para optimizar quirófanos, recursos y habitaciones. De pronto la realidad de un bebé para el que hasta el momento no existía el tiempo, ni el espacio, más que el del vientre materno, se vuelve hostil y estresante.

Recuerdo que en un momento determinado del parto de mi hijo me pusieron un timing. ‘Tienes dos horas para terminar de dilatar y otras dos para el expulsivo y hoy has tenido suerte que no tenemos muchas mujeres y has tenido mucho tiempo’. Lo recuerdo con angustia total, si no podía hacerlo en el tiempo marcado, temía que acabará en cesárea. ¿Cómo lo viviría mi hijo? Desde luego yo en esa situación no segregaba oxitocina (la hormona del amor) imprescindible en el parto, más bien sentía que la adrenalina (la hormona del miedo) salía a borbotones.

Estamos tan acostumbrados a estos ritmos y a esos ‘protocolos’ deshumanizados que ni siquiera los cuestionamos, pero hay otra forma mucho más orgánica de vivir y por supuesto de nacer.

sábado, 6 de agosto de 2016

Cuando el bebé elige su propio nombre


Siempre  he tenido la  sensación de  que mi nombre no me correspondía, no  se  trata de que  no me guste o de que sea bonito o feo, simplemente no  es el mío.  Esa sensación de falta de concordancia entre mi nombre y yo me ha acompañado desde siempre.

La historia de mi nombre, como el de muchos, se remonta al mismo día en que nací, iba a  llamarme Eva pero a mi padre no le gustaba y cuando fue al registro me inscribió de ‘motu proprio’ con el mismo nombre de mi madre. Esta decisión en la que no participamos mi madre y por supuesto mucho menos yo (¿A quién se le ocurriría hace treinta y tantos años preguntar a un bebé cómo quería llamarse?) marcó ese sentimiento inconsciente hacia mi nombre, a lo que se le suma mi creencia de que no se deberían repetir los nombres en la misma familia (por motivos bien distintos). 

Las parejas embarazadas miramos listas, libros, páginas de Internet con nombres, discutimos con nuestra pareja o incluso con el resto de la familia sobre cómo ha de llamarse el niño o la niña, hacemos nuestro top 5 con los favoritos y todo el mundo opina. ¿Pero por qué no preguntamos al protagonista? ¿A la persona que tendrá que vivir con él toda su vida? Poca gente se plantea todavía que un bebé no-nato pueda comunicarse y expresar sus deseos, aunque así sea. Afortunadamente cada vez hay más  mamás y papás conscientes  comunicando y escuchando a sus bebés  y tengo la suerte de conocer  a unos cuentos niños y niñas que eligieron sus propios nombres en el vientre materno.

Los bebés pueden comunicar con nosotros de muchas maneras, puede ser a través de sueños, de señales que tenemos que estar abiertos a escuchar, también podemos servirnos de meditaciones. Cuando dejamos libre la mente y abierto el corazón empezamos a percibir un mundo que hasta entonces permanecía oculto para nosotros.