viernes, 23 de diciembre de 2016

Suena a Navidad

No puedo evitarlo cada 22 de diciembre me invade la ilusión y no es precisamente por la lotería pero ese sonido de los bombos dando vueltas y  los niños cantando  '1000 euros' me hace viajar a mi niñez cuando los premios todavía eran en pesetas y me despertaba con ese sonido en la radio que ponía mi madre desde bien temprano. Nunca nos tocaba ningún premio pero yo estaba feliz porque ese era el pistoletazo de salida de la Navidad, empezaban las vacaciones, me quedaba en la cama hasta tarde leyendo, hacía frío y venían Papá Noel y los Reyes Magos, en casa había turrón de chocolate y polvorones y todo estaba envuelto en un halo de magia.

De niña tuve muchísimos regalos, curiosamente el que más recuerdo de Papá Noel fue el más simple, una caja de tizas de colores y un cassette con cuentos de Navidad, recuerdo quedarme dormida agotada mientras luchaba para estar despierta y jugar con mis nuevas adquisiciones. De los Reyes recuerdo sobre todo a Glotoncete, un precioso bebé rubio con chupete y una tricotosa que llegó rota, probablemente se les cayó del camello a sus majestades y hubo que descambiarla. Quizá si hubiera podido utilizarla ahora sería más habilidosa cosiendo o quizá no, nunca lo sabré.



Soy uno de esos adultos que nunca ha dejado de creer en la Navidad, pero ahora con niños pequeños se vuelve especial, ahora nos toca a nosotros hacer que estas fiestas se conviertan en bonitos recuerdos de su infancia, en esas instantáneas que nuestro niño interior guarda celoso dentro de sí. Cada Navidad intento rescatar esas instantáneas en forma de emociones, ilusión, nervios, ganas de compartir con familia y amigos. Mi reto está ahora en transmitir a mis hijos lo espiritual y mágico que pueden ser estas fiestas, aunque todavía son muy pequeños, para no perdernos en esa ola materialista que ha inundado por completo la Navidad.

El 2016 ha sido un año intenso, he disfrutado de un embarazo y un parto maravilloso, le hemos dado la bienvenida a la vida a Emma,  hemos acompañado a mi abuelo en su camino de regreso a Casa, yo, hija única, he aprendido el significado de tener un  hermano, a través de los ojos de mis hijos, me he enamorado de mi pareja aún más si cabe, hemos encontrado nuestro lugar perfecto para vivir de forma coherente a nuestros principios, he tenido la oportunidad de sanar la herida de mi sagrado femenino y he plantado la semilla de lo que será un proyecto que me emociona. El presente año me ha traído mucho movimiento, muchos cambios, que espero que el 2017 me permita consolidar. ¿Qué esperas tú del año que viene?

¡Feliz Navidad y que el 2017 venga cargado de luz, amor y mucha magia!

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